Isaki Lacuesta bailó ‘En los límites de la realidad’

Quizá porque establecer lindes sea igual o más difuso que trazar líneas abiertas, un cineasta como Isaki Lacuesta ha elegido enmarcar su masterclass ‘En los límites de la realidad’, título de una serie de ciencia ficción norteamericana que “marcó mi infancia”, dice él. El versátil director de cine, tercer invitado de las Masterclass del Festival MajorDocs, que se está celebrando esta semana en Palma, se ha convertido además en saltador. Ha escogido de su filmografía dos títulos: La leyenda del tiempo, rodada entre 2004-2005 en la Isla de San Fernando en Cádiz, y Entre dos aguas, rodada entre 2015 y 2018. El escenario y los protagonistas son los mismos: el territorio de Camarón y los hermanos Isra y Cheíto, dos gitanos marcados por el asesinato del padre. No es igual la mirada de quien mira, ni desde luego, la de los protagonistas.

“Los equívocos son generales cuando se habla de cine documental y de ficción. Yo prefiero hablar de cine preparado a cine imprevisto. Lo comparo a la diferencia entre la música sinfónica y una jam session. En mis películas hay de los dos. Mi intención es hacer un retrato y para ello a veces utilizo estrategias de ficción, y otras no”, ha aclarado en un ‘speech’ trepidante, que ha encandilado a todos de tal manera que hemos olvidado que Isaki estaba como Alicia a través del espejo. Otro más que se metió en el jardín de Sa Nostra online. Esta vez con un sonido impecable.

En el interior de un sótano de un teatro, rodeado de cajas y ropajes, con la tentación “de ¡sacaros las telas!”, prepara el rodaje de un homenaje a los 50 años del filme de Pere Portabella Poetas catalanes, cuyo acto se podrá ver el próximo lunes en Barcelona, habló casi de corrido algo más de una hora, intensa como él y sus propuestas, versátiles como sus obras.

Conocedor de las técnicas narrativas, por eso puede saltárselas, Lacuesta se sirvió de su opera prima Kravan vs Kravan como preámbulo para llevarnos al barrio de la Casería de San Fernando, y nos contó que “en la historia de este personaje desaparecido cien años atrás trabajé con un guión escrito, plano contraplano, con investigación histórica y periodística, y mientras la hago veo que lo que me interesa es lo que no podía prever. Un entrevistado miente y la cámara lo capta, como capta la voz, el rastro, las huellas…. Son esos momentos los que me interesan captar. Esa lista de emociones”.

Isaki se va de vacaciones a la isla de San Fernando con algunas ideas, se adentra en el barrio de la Casería donde él es el raro y aprende, mucho. “El cine documental permite meternos en la cabeza de otra gente. Tengo la sensación de que hoy que podemos movernos estamos más encerrados en lo nuestro. Las ciudades están diseñadas para que te cruces con los de tu clase”, opina.

Se lanza a degüello al que acabaría siendo su segundo largometraje: La leyenda del tiempo, con guión abierto, armado día a día, año a año, los niños protagonistas creciendo, dificulta la financiación, pero se consigue. Recuerda los apuros de Mercedes Alvárez y su hermosa película El cielo gira, y agradece a José Luis Guerín y a su película En construcción que abriera camino. “Creó modelo y fue referente”.

Narró algunas peripecias del casting con 400 niños entrevistados, a la búsqueda de “alguien que me enamorara”, y surgió Isra, y su hermano Cheíto, y la niña Saray.

“El reto de una película no escrita es como si fuera la primera vez, un aprendizaje de nuevo”, apuntó.

Diez años después llegó Entre dos aguas, y si Truffaut rescató al niño Jean-Pierre Léaud de Los 400 golpes para posteriores películas, a Lacuesta le sedujo el retorno a la Isla. Con cambios, sustanciales: Se conocen, “trabajamos el plano secuencia y en digital, porque creo que la textura digital va a ser la que mejor retrataría a esos niños crecidos, y a nosotros mismos”. “Y ya que hablamos de límites, en ésta se trabajó desde el pacto y lo improvisado, los dos registros. Entre dos aguas es una película de ficción y personajes que interpretan cosas que nunca les ha ocurrido”.

Trufó su charla de anécdotas hasta desembocar en una confesión: “Los documentales que hago cada vez los concibo más como una instalación. Hay mucho lenguaje cinematográfico en las instalaciones artísticas”. No en vano, el Pompidou le dedicó en el 2018 una retrospectiva. Isaki Lacuesta solo tiene 45 años. Ha librado batalla con el coronavirus y ha ganado. Está pletórico. Contagia su entusiasmo. Escucharle es tan placentero como ver sus películas, ‘En los límites de la realidad’.

 

Lourdes Durán

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