José Luis Guerín, entre lo medido y el imprevisto

Repasaba películas de José Luis Guerín. Tomé asiento en su Tren de sombras y pensé: Hay sonidos que invitan al silencio. Hay ruidos que invitan a la vida. Su cine está lleno de ese inmenso y microscópico mundo de luces y sombras, de la quietud al movimiento. Puro cine. Por ello, abrió ayer tarde el MajorDocs, el festival de la resistencia que ha desafiado con la mascarilla puesta todos los obstáculos de la pandemia de la COVID-19, y que en su segunda edición invita a asomarse al cine de los real. ¡Menudo jardín!

José Luis Guerín compartió sus ideas sobre El cálculo y la revelación en formato online. Le vimos a la luz del atardecer -en los jardines del Centre Cultura Sa Nostra- él en su casa, en su estudio, rodeado de libros y un pequeño sofá blanco, que iluminaba en segundo plano, a uno de los directores de cine más evocadores, un prestidigitador reflexivo que ayer admitió que su meta como cineasta es “intentar tener relación entre el cálculo y el azar”.

Se mueve el director catalán entre el cine de ficción y el documental con igual maestría, y lo que podría interpretarse como saltos entre ambos, en su filmografía el vaivén es una constante. Ayer contó que en su mesa tiene dos proyectos: una película de ficción y un documental. Las lindes entre ambos “para el espectador no es evidente” pero en su opinión “se alimentan”. Recordó la anécdota surgida de ese movimiento de péndulo en sus películas en la que un amigo director de cine español le dijo que “mis películas impares me salen más silenciosas, íntimas, mientras que las pares tienen una vocación más social, moral, más objetiva”.

A Guerín le sobreentendimos, a trancas y barrancas, surgieron los destellos de algunas de sus reflexiones compartidas en una sobria inauguración de este valiente festival de cine documental que desde ayer y hasta el sábado va a estrenar en España ocho títulos, algunos precedidos por el eco de la Berlinale y del Sundance más recientes. A ellos, a los festivales, lanzó el S.O.S. Guerín. “Es loable la democratización de hacer películas, antes era un proceso pesado y costoso; hoy cualquier estudiante de cine con una camarita hace una película que luego te entrega en un pen. Se hacen miles de películas y es angustioso porque lo difícil es que se vean. Ahí tienen la responsabilidad los festivales”.

De la misma manera que animó a hacer cine modesto o como en su caso que “busca “formas de producción que permeabilice jornadas de rodaje y detención”, como quien guarda en un cajón un manuscrito. Sosiego. Perspectiva. La actual pandemia lo evidencia día a día.

“Entiendo el cine como una forma de revelación” y ese pálpito de descubrimiento mágico-consustancial al cine, a la hipnosis de la caverna- se ve en todas sus películas desde la premiada En construcción a La academia de las musas. Guerín, sin embargo, se bate el cobre al final: “Es en el montaje donde de verdad entiendo las cosas”. El descubridor es puesto al descubierto. Guerín se revela a sí mismo en un mundo, el de hacer películas, “en el que al principio todo es posible”, solo que intervienen procesos, materiales, tiempo, tomar medidas, planificar…. “Mi meta como cineasta es intentar tener relación entre el cálculo y el azar”.

Regaló otra perla antes de que su imagen se desvaneciera como un tren de sombras: “Me gusta entender mi cine como revelación. Quiero asistir a una revelación que lucha contra mis propios prejuicios para descubrir lo que me ofrece esa realidad con la que quieres pactar”.

Lourdes Durán

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