Los “flechazos emocionales” de la “realidad” del cine

En un momento en que el mundo laboral está siendo mordido en la yugular, quedando anémico el tejido de millones de personas, la primera Doc Sessions se centró en el cómo ‘Vivir de la realidad’ en un sector, el cinematográfico, en permanente sangría. Los invitados, Andrea Guzmán: jurado del Major Docs, gestora cultural y programadora, creadora de DOCMA, la Asociación de Documentalistas, codirectora de DocumentaMadrid, y una amplia hoja de servicios en el mundo del cine documental; Jacques Bidou, reconocido productor internacional y creador de JBA Production que ha avalado a cineastas como Ridley Scott, Patricio Guzmán, Marc Recha, Rithy Panh, entre otros, y el cineasta Juan Palacios, cuyo largometraje Meseta abrió las proyecciones de documentales que entran a concurso en el MajorDocs.

Miquel Martí Freixas les presentó y condujo la charla entre lo virtual y presencial -solo Guzmán estuvo presente en el jardín del Centre de Cultura Sa Nostra-, los otros dos hablaron online desde Holanda y Figueres. No importó porque el mundo pantalla es ya un invitado más a la mesa.

“¿Prioriza la relación profesional a la personal?”, lanzó el programador, docente y articulista. Un gran suspiro de Bidou nos puso en situación. “Toda la vida es profesional y personal porque todo está ligado. Me es difícil establecer la diferencia porque trabajo todo el tiempo”. Ahí está el quid, ¿conciliación familiar?, ¿qué precio se paga, quién, las familias, los amigos, el propio creador? Juan Palacios se manifestó en parecido sentido al francés: “La vida personal es también el tiempo que te dedicas a ti mismo, que no es rodar. Es difícil separar; se mezclan”. Llegó la voz de la mujer: “Mi visión es distinta, porque no hago películas, aunque conozco el tema porque vengo de familia de cineastas, mi padre y mi hermana hacen cine; y sí es una pasión. Para mí mi trabajo es mi vida y mi vida es mi trabajo. No descuido a mi familia pero siempre estoy atenta”. Lustró sus palabras con una reciente experiencia personal cuando su hijo enfermó, su marido de viaje de trabajo y a punto de empezar el Festival Documenta Madrid, un año de preparación y el hijo enfermo, ella, la madre sola. Dilema. “Al final pude compartirlo”. Superwoman. Un clásico.

La siguiente pregunta lanzada por Martí Freixas tocó el espinoso tema de la ética del cine documental que trabaja con la realidad, es decir, no actores, no dinero, invasión de la esfera particular de las personas que dicen que sí a ponerse delante de una cámara gratis.

Bidou reiteró su premisa inalterable: “Si no hay posición ética, no hay película”. La experiencia de Palacios en el rodaje de Meseta, en el pueblo de sus abuelos, le permitió “implicarse con las personas, al principio sin cámara, les voy conociendo. Requiere tiempo. Es cierto que como estás todo el tiempo pidiendo, me incomoda, y aunque intento establecer una relación al mismo nivel, no lo es; nosotros tenemos una relación de poder”. Contó que incluso se planteó pagar a alguien para que cuidara la granja del pastor de su película pero que no pudo hacerlo. Andrea Guzmán afirmó que “en las películas se queda la huella de la relación que has establecido con los personajes”. Recordé las películas de su padre Patricio, que trata con un infinito respeto a quienes pone ante la cámara.

Puestos a soñar, Martí Freixas planteó imaginar que el cine documental diese dinero. “¿Vuestra pasión, ética, sería la misma?” Juan Palacios amplió su ya de por sí gran sonrisa y aseguró que “estaría las mismas horas”. Bidou recolocó la pregunta al matizar que “es una cuestión de pasión, no de dinero; si quieres hacer dinero no hagas documentales, incluso ni películas de ficción. Esta vida siempre es precaria. Y remató Andrea Guzmán: “Cuando a una le gusta lo que hace, lo va a hacer igual”. ¡No hay remedio! Afortunadamente para los amantes del cine.

La supervivencia de los cineastas, de la troupe del cine, se ve obligada al pluriempleo. “A mí me enriquece, por ejemplo, dar clases”, confesó Andrea Guzmán, adicta a la docencia desde hace relativamente poco. Juan Palacios no negó la mayor, que sí, que “diversificar es enriquecedor, pero sería mejor si solo me dedicase a hacer cine y cobrase bien por ello”. Y Bidou, con un carrerón profesional que le avala, compartió su ‘Vivir de la realidad’: “Si no hago ficción, no puedo sobrevivir”.

Se concluyó el encuentro a tres bandas, brillantemente hilado por Miquel Martí Freixas, con el porqué, el para qué, se acercan unos y otros a un tema en concreto.

“No soy consciente. Es un juego de fascinación, de ese lugar, de cómo puedo darle vida en el espacio y tiempo. No sé si busco hacer algo útil”, contestó Palacios. Bidou se puso práctico: “Hacer cine es un trabajo, y debemos vivir de él. No es una pasión de vacaciones”. Andrea Guzmán recordó lo obvio: “Un cineasta tiene que tener claro un objetivo, su proyecto”. Muchos lo olvidan. Gracias Andrea.

“Cuando me saturo viendo películas que no me gustan y de repente encuentro lo que me gusta, me recuerdo porqué estoy bien”. La frase de Freixas dejó en el cielo azul de la mañana del miércoles 30 de septiembre, ese lugar de felicidad que se encuentra en el buen cine. “Flechazos emocionales… Pero es un problema”, subrayó con el ejemplo de las películas de Wang Bing. Palabras mayores.

Lourdes Durán

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