‘Tocados’ por la ‘cazadora de mariposas’ Marta Andreu

Igual que necesito un respiro, estar sola, en silencio cuando acabo de leer una novela, un poema, ver una película, escuchar un concierto que me han noqueado, me tomo mi tiempo para hilar la crónica de la Masterclass de Marta Andreu, que esta mañana de jersey y chaqueta, ha dado en el MajorDocs bajo el sugestivo título Cazadores de mariposas o la escritura documental.

Unas horas, por en medio la comida y siesta, y ahora antes de regresarme a lo oscuro de la sala en CineCiutat para ver Mignight traveler, la lluvia golpea el cristal como me han golpeado las palabras de la productora, docente, investigadora de cine documental, nacida en Barcelona en 1975.

Hoy volvemos a lo de antes, a ver en directo, a escuchar sin que las ondas se achispen en una distorsión. Hoy Marta Andreu está delante de enmascarados, sí, a distancia, también, pero sacudidos a medida que avanza su pequeño taller meandro en digresiones oportunas, que acompaña de citas pellizco como la de María Zambrano: “El camino nunca es caprichoso, depende del punto de partida y de aquello que quieres realizar, o salvar”.

Para alguien como Marta que no concibe el documental como un género cinematográfico “sino como un gesto creativo, una forma de relacionarse con el mundo”, no es de extrañar que elija moverse en un territorio lleno de sorpresas acompañada de artistas como el fotógrafo Robert Adam, un descubridor nato; o del pintor Degas, “un faro”, del que compartió una frase luciérnaga: “Es mejor crear después de haber visto. Solo se puede copiar lo esencial, lo que te golpeó”; o palabras de mi querido John Berger.

Para quien se ponga ante la escritura del guión documental como si fuera una página en blanco, Marta les aconseja alejarse, para incidir en la importancia de la resta. “La escritura del documental no es un proceso de añadir, sino de extracción; es algo que tiene que ver con lo que dijo Miguel Angel: Vi el ángel atrapado en la piedra, esculpir para liberarse”. Recuerdo como el grandísimo pintor Lucio Muñoz me habló en términos parecidos muchos años atrás. Restar.

De la resta al descubrimiento, ya van dos distanciamientos entre la escritura del guión documental y el de ficción, y aunque a la hora de presentar un proyecto, “la escritura social” que bien denominó Marta Andreu, la primera se “tunea”, pero que no se nos olvide, “la imaginación como forma de conocimiento”. “A mí me interesa la escritura creativa, como forma de proceso de trabajo. Aprender a escribir para llegar al corazón de la película”.

Y siguió: “No se trata de estar al servicio de la realidad sino de moldear la materia para crear algo nuevo. Escribir como quien cuestiona. Se trata de dejarse tocar. Transformación es una palabra mágica y no hay cine sin ella”. ¡Tocados! La hechicera Andreu nos estaba transformando para recordarnos que “no documentamos la realidad sino nuestro encuentro con ella”. ¡Um, “la experiencia”, hoy en día sentada en el banquillo de los suplentes.

Llegó a la orilla de la posverdad, “en esos momentos de la sospecha, de la fabricación, en el que la separación entre la imaginación y la cosa es más grande que nunca. Nunca se me ocurriría defender que la observación y la fabricación es el cine documental, no, pero la observación es una herramienta para conocer la naturaleza. Y hay algo que tiene que ver con la memoria…”

Pasamos a la escucha. “Hay que aprender a escuchar, entender los límites y luego preguntarse el porqué, porqué yo, porqué me golpeó esto o aquello”. Nos encontramos con la fragilidad. En el documental no son actores quienes se ponen ante la cámara, deciden dar su sí por razones muy amplias pero en su fragilidad, “en la propia, es donde podemos filmar al otro. Aprender a entender la fragilidad, encontrar la buena distancia, esa necesidad de decirle al otro”. ¡Qué me está tocando!

Nos contó que en su obsesión por el origen de las películas años atrás descubrió que “todo empieza con una pérdida”, y ahí sí que me tocó Marta Andreu. Buscaré, busquemos el libro que nos recomendó: Guía para el arte de perderse,de Rebecca Solnit.  “Para crear tenemos que perdernos”.

Para quien se apunta al contexto, que se deja llevar porque aquí y ahora el mundo quiere o reclama este u otros temas, “esa agenda del momento”, advirtió del gran riesgo: “Convertirlo en vuestro objetivo. Lo importante es el encuentro de tu mirada con esa película. En la socialización de la película tendremos que decirlo, pero esto no es periodismo, es otra cosa. El cine documental no filma las ideas, filma la idea”.

Durante muchos años, Marta Andreu ha colaborado con la Berlinale para escoger proyectos y nos reconoció que ha empezado a ser importante el concepto de urgencia. Citó a Berger: “Hay que seguir, crear, pero las obras no cambian el mundo, pero hay que seguir creando”.

Y llegó a su tercer punto, porque Marta sin hojas donde seguir su boceto de guión de la charla es ordenada, hay una línea en su discurso, lleno de ramales, de brisas y parones de viento. Mafalda y el gran Quino le sirvieron para insistir en que “lo más importante no es la identificación, porque en cine documental no existe, se trata de buscar el agua profunda de la película”. Esa tercera “capa” es lo “atemporal”. “Encontrar el sentido profundo. Ahí está la esencia”. Alicia frente al espejo. “¿Qué el lo que estoy explorando?”

La charla siguió y siguió a ritmo de jazz, con cuentos persas, con Cezanne, con Heráclito, con promesas, con frases luz como ésta: “La belleza es poner orden al caos porque así podremos sentir que algo generoso podrá surgir”. Y la cerró con esta perla,  algo que olvidamos a menudo: “El amor ayuda mucho para entender el cine documental, el cine en general”. ¡Te queremos Marta. Gracias!

Lourdes Durán

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